El 27 de noviembre del pasado año cumplia 20 años el únel de carretera más largo del mundo. Con una longitud total de 24,5 kilómetros, este túnel permite a los automovilistas evitar deslizamientos de tierra y el cierre de carreteras en invierno. Es el túnel de Laerdal, conocido en el idioma natal como Lærdalstunnelen, y forma parte de la ruta E16 entre Oslo y Bergen, conectando Lærdal y Aurland en la provincia de Sogn og Fjordane, al oeste de Noruega. El trayecto dura unos 20 minutos.

Durante las obras de construcción del túnel se utilizaron avanzados sistemas de navegación por satélites y jumbos de perforación controlados por ordenador para finalmente extraer de la montaña más de 2,5 millones de metros cúbicos de roca.

Su construcción comenzó en 1995 y, tras cinco años de colosales obras y una inversión de alrededor de 125 millones de euros, finalizó en el año 2000, inaugurándose el 27 de noviembre y quitándole el primer puesto en la lista al túnel de San Gotardo, en Suiza. Pero si hay algo que destacar de este desafío a la ingeniería y el diseño es la colaboración necesaria de un equipo de psicólogos en el proyecto, hecho que incluso ha convertido al túnel en toda una atracción turística.

Para el diseño del túnel se tuvo en cuenta el estrés mental de los conductores, por lo que en su interior se incluyeron tres grandes cuevas (cada 6 km) que dividen el recorrido en cuatro secciones y cuentan con un tamaño e iluminación que ofrece la sensación visual de que estamos conduciendo a la luz del día, permitiendo así descansar la vista y romper la monotonía.

Las montañas por encima del túnel alcanzan alturas de hasta 1.809 metros, lo que hizo necesaria la construcción de un túnel de acceso de 2,1 km en el valle contiguo (Tynjadal). Ahora este sirve de túnel de ventilación.

La luz blanca se emplea en el propio túnel, las paredes están equipadas con luz azul y amarilla y la luz dorada en el suelo imita un amanecer. De esta forma se mejora el viaje de los pasajeros, se reduce la aparición de angustia debido a la sensación de claustrofobia y, con ello, disminuyen los accidentes.

Lo mejor de estas cuevas artificiales es que los visitantes no solo pueden detenerse en ellas para descansar y estirar las piernas, sino que incluso hay quien ha celebrado allí su boda y su “noche de chicas”. Respecto a la ventilación, la estructura cuenta con dos ventiladores de generosas dimensiones a la entrada y salida del túnel y un filtro electrostático para eliminar el polvo y dióxido de nitrógeno. Es más, es el primer túnel en tener su propia planta de tratamiento del aire.

El túnel tiene una pendiente de 2,5% y sube desde los 5 metros de altura sobre el nivel del mar hasta los 265 metros. Lo recorren unos 365.000 coches al año.

Por otra parte, para mejorar la seguridad, apoyar y reforzar el techo y las paredes del túnel, se utilizaron 200.000 tornillos de acero de hasta 5 metros de longitud y 35.000 metros cuadrados de hormigón. A su vez, cada carril se suministra con una banda de ruido fuerte hacia el centro para evitar choques frontales. Por supuesto, tampoco faltan la conexión a Internet, los teléfonos y áreas de emergencia cada 500 metros e incluso 15 zonas de cambio de sentido para camiones y autobuses.