Existe consenso en que la principal razón de la subida de los precios de la vivienda es su escasez en las zonas tensionadas (principalmente en grandes ciudades y zonas turísticas). Esta escasez afecta tanto a los precios de venta como a los de alquiler.
El alquiler y la compra son alternativas para acceder al uso de la vivienda y la solución en ambos casos es la misma: construir, como mínimo, el doble de viviendas de las que se construyen cada año durante al menos 10 años.
Para ello habría que superar estos cuatro obstáculos:
Aumentar el suelo disponible o la edificabilidad del suelo actual.
En general un proceso de gestión urbanística no dura menos de diez años (Véase Madrid Nuevo Norte y Operación Campamento). Es aquí donde cobra importancia la aprobación de leyes de suelo estatales y autonómicas que permitan acelerar el proceso de gestión urbanística.
Acelerar el proceso de obtención de licencias.
Bastaría con que los Ayuntamientos contrataran suficientes técnicos para revisar los proyectos en uno o dos meses.
Aumentar la capacidad del sector de la construcción.
Que prácticamente quedó destruido a partir de la crisis del 2007. Falta disponibilidad de mano de obra cualificada.
Aumentar la financiación a promotores.
Aquí jugaría un papel esencial un pacto de Estado que identificara la escasez de vivienda como una necesidad nacional y asegurara un inversión estable y cuantiosa de las administraciones públicas. Esto daría seguridad a los inversores y facilitaría el acceso a la financiación de los promotores de vivienda asequible.