Autovías y autopistas son las principales vías de desplazamiento para millones de personas. Las carreteras (87,75%) se utilizan -de lejos- mucho más que otros medios de transporte como el ferrocarril (6,23%) o el avión (5,80%) pero, aunque sean un síntoma de modernidad y seguridad, llevan al servicio del ser humano mucho más de lo que crees. Los romanos idearon este sistema de comunicaciones terrestre y aunque los griegos con sorna llamaban a los romanos “los constructores de cloacas, calzadas y puentes” aquellos rudos hombres, que no eran arquitectos, sino ingenieros, aportaron mejoras significativas en la construcción de carreteras motivados por tres razones: la primera para tener una buena comunicación y conservar un imperio en expansión; otra, porque pensaban, y con razón,  que una carretera bien construidas duraría mucho tiempo con un mínimo de mantenimiento y el último, porque esta sería la responsable de grandes conquistas, ya que facilitaba la movilidad de las tropas a una velocidad nunca vista hasta entonces. Fue entonces cuando construyeron la primera autopista de la historia: La Vía Apia

Así, la Vía Apia que comunicaba Roma y Capua además de considerarse como la primera autopista de la historia, es una de las más célebres y mejor conservadas del mundo. Fue construida en el 312 a. C. por el censor Apio Claudio Caeco, posee 540 kilómetros de longitud y alrededor de ocho metros de ancho. Las medidas ya posibilitaban la circulación simultánea de carruajes en ambos sentidos y también favorecieron el comercio y la expansión económica.

Carro Romano.

La calzada se construyó con piedra basáltica de forma poligonal. Su acera, de un metro de ancho a cada lado, estaba repleta de sepulcros, tumbas y monumentos funerarios entre los que destacaban los mausoleos a Cecilia Metella y al filósofo Séneca, debido a la prohibición de dar sepultura dentro de las ciudades. Incluso los primeros cristianos comenzaron a celebrar la Eucaristía cerca de estos lugares de culto fúnebre. Asimismo, la Vía Apia se caracterizaba por ser muy rectilínea en terrenos llanos, evitar las inmediaciones de los ríos y ensancharse en las curvas para que los vehículos de la época girasen mejor.

Cada 7 o 9 millas en los tramos más frecuentados, cada 10 o 12 millas en los menos frecuentados, se encontraban las estaciones (stationes) de posta para el cambio de los caballos y las mansiones. Las stationes fueron lugares de estacionamiento breve, es decir, moradas donde cambiar el caballo, reponer fuerzas y descansar unos instantes. Las mansiones, por su parte, se asemejan a la idea primigenia que tenemos hoy en día de las posadas. El Itinerario de Antonino, escrito en el siglo III, recoge todos estos avances emergidos en torno a la Vía Apia y es la fuente de información más completa sobre la red de calzadas del Imperio Romano.

Al servir como principal vía de comunicación entre Roma y Capua, la Vía Apia fue el lugar elegido para crucificar a los más de 6.000 rebeldes que lucharon junto a Espartaco. Tras la caída del imperio en el 476 d. C., quedó olvidada y en desuso hasta que el papa Pío VI la restauró en el siglo XVIII. Napoleón Bonaparte y Benito Mussolini también se interesaron por continuar con su conservación.

LA CONSTRUCCIÓN

Los romanos construyeron una calzada de calidad con  grandes lastras de piedra basáltica de forma poligonal y cemento sobre una capa de gravilla, con canales de drenaje a ambos lados, muros de contención y andenes para transeúntes. La calzada tenía una anchura media de 14 pies romanos (unos 4,15 m.) que consentía el paso de dos carros viajando en sentido contrario y su construcción se realizaba de la siguiente manera:

1.- El pavimento lo formaban grandes losas planas que facilitaban la circulación. Estaba abombado por el centro para evitar los charcos cuando llovía.

2.- Unos bloques de piedra grandes y bien tallados marcaban los límites de la calzada.

3.- Una especie de hormigón, compuesto por piedras pequeñas y cal, formaba la segunda capa. Se cree que la vía Apia fue la primera calzada romana cuya construcción incluyó cemento de cal, además de piedra volcánica.

4.- Los cimientos de la calzada estaban formados por una gruesa capa de piedras grandes.

5.- Las piedras miliares indicaban la distancia que había entre ese punto y Roma; de ahí el dicho de que “todos los caminos conducen a Roma”.

6.- El núcleo de la calzada era otra capa con piedras y restos de tejas y ladrillos unidos con cal.

7.- se construía una cuneta para canalizar el agua de lluvia.